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jueves, 31 de enero de 2013

Ya no puedo ir al cine

Qué candor no tendrá
este enamoramiento
que desde que te conozco
cada historia de amor me recuerda a la nuestra
y cada enamorado de las películas
se te parece.

Así, me visto de heroína
para curar el cólera
porque hasta allí me llevaste por tu amor a la ciencia
o te conozco entre las flores
que en mi jardín plantaste, jardinero,
o solo me fijo en ti
tras años de indiferencia.

Nada importa, te pareces
a todos los actores,
tengan barba o sin ella,
sean o no más altos o más rubios,
pero eres todos ellos, ya no puedo 
separar lo que siento 
de lo que me describen,
porque a través de este amor
es como veo ahora el mundo,
el tacto de tu piel son todas las pasiones
y el modo en que se miran los enamorados
me habla de su amor en tanto se parezca
a la tuya
su mirada.

Así que ya no puedo ir al cine
y es todo por tu culpa.

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28 de octubre de 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012

Sobrevolando

Es verdaderamente extraño
a la par que un privilegio
tomarme un pollo dulce mango (según dice la tapa)
mientras sobrevuelo a los franceses.
Un poco surrealista
-yes, coffee with milk please-.

Cuando se imagina uno el futuro
nunca cae en estas nimiedades
que luego, si lo sumas,
probablemente en número
como todo mi pueblo
se encuentra en este instante
merendando en el aire
sobre nuestras cabezas.

Yo, hoy, los franceses.
Ocurrirá también sobre las guerras
me pregunto
en qué lugar nos deja eso a los humanos.

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17 de agosto de 2012

lunes, 14 de mayo de 2012

Mi idilio con la línea uno

Invariablemente cada día llego
al andén de la línea uno
y ahí está
el tren partiendo en ese instante.
Da igual que corra para llegar,
que no me apure:
ahí está
haciéndome burla el hijoputa
con el pitido de las puertas al cerrarse.

Que normalmente no me importa,
que soy de fuera,
coger el autobús,
eso sí que altera al más pintado.
Pero hoy, que es martes,
que mañana madrugo y me he ido de juerga
(a un recital de poesía, ustedes me comprenden).
Precisamente hoy, cabrona línea uno,
podrías haber roto nuestro pacto
y darme algún motivo para reconciliarme,
para decir: qué amigo, que ahí estaba
cuando lo necesité.
Hoy que tardas die-ci-siete
largos minutos en pasar de nuevo
qué ocasión has perdido, línea uno,
de redimirte toda de tus culpas.

Tú en tu insana costumbre
de marcarte unos plazos
ahí estabas, demonio de ida y vuelta,
parada tan ricamente
esperando el momento de marcharte silbando
al escuchar mis pasos bajando las escaleras.

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21 de septiembre de 2011

viernes, 30 de septiembre de 2011

Que va de mí hasta mí

Y todo se ha pensado ya antes.
Si ahora me preocupa
que el amor sea una emoción
que va de mí hasta mí sin pasar por nadie
ya alguien lo pensó,
pero no ayer ni hace una semana
-que también-
sino hace cientos de años en Atenas (qué cliché),
en la fría París del siglo XI
o entre las paredes de Santa María del Naranco,
en el estadio de los yankees
o incluso en un cortijo
de un campo andaluz
un currusquito que nunca
estudió filosofía.
Todo se ha pensado ya antes.

Imagina lo difícil
de encontrar una tesis
sobre la que no esté escribiendo un australiano
al mismo tiempo que tú.
De hecho yo misma he dicho
palabras como estas
porque no es el primer día
que pienso sobre ello,
que el amor es una emoción
que va de mí hasta mí sin apenas notarlo
el mundo mientras gira,
la mosca mientras pasa,
a veces ni siquiera
el ser-objeto amado
y a veces si me apuras
el ser-objeto interpreta
mi amor como desamor, como otra cosa,
ignorante de esto
que va de mí hasta mí pasando por él o ella.

Qué difícil entonces es hacerse de carne,
sostener la mirada en el juicio del otro,
dolerse de las carencias,
enfrentarse al espejo de la sabiduría
y descubrir que apruebas sólo por los pelos.

Es más fácil entonces
creer que no estás solo, que esto mismo
lo han pensado ya antes
muchos más como tú.

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12 de septiembre de 2011

viernes, 9 de septiembre de 2011

Una más entre tantos millones

Me preocupa
la cantidad de seres humanos que, como yo,
se creen únicos,
inimitables, originales.
Aquí voy por el metro
y pasa uno y uno y uno,
de pronto, cientos de indivíduos,
¿será posible
que cada mundo interior sea tan grande como el mío?
que todos ellos tengan sueños, metas, ilusiones,
que recuerden su infancia,
que amen a su amado,
que sufran por sus pérdidas.

Os aseguro que este pensamiento
me hace dudar de mis propias ideas.
Será que todos creemos
que somos importantes,
cuando a la vista está que no es posible,
que somos figurantes
en la película de otro,
un hilito de alfombra,
un pixel entre tantos,
si acaso un megaperl, un planetilla
de sistema estelar.

Mi andén lleno de gente
que vamos hacia el norte, los de enfrente
igualmente esperando,
tal vez visualizando
su camino al trabajo
que está justo al otro lado
de la ciudad,
sin embargo para ellos es,
y esto sí que me fascina,
El Camino al trabajo, con mayúsculas.

Claro que también están
los que no tienen nada en la cabeza,
sólo el vestido que se pondrán mañana
o la canción siguiente de su ipod
(importante para mí, que también la escucho),
que no han reflexionado nunca
sobre un solo porqué.
Hasta ellos son diferentes
por mucho que querrían,
ellos sí que querrían
parecerse a los otros,
esos otros tan cool, tan populares
de su barrio o entorno
(incluso de la tele).

Afortunadamente nos morimos,
imagina si no qué mogollón.
Cómo se hizo de bien este milagro
que entonces añoramos al ausente,
lloramos el vacío que dejó
como si nadie más,
de los seis mil millones,
lo pudiera llenar.

No entiendo al ser humano,
me sobrepasa
imaginar a los miles
que no conoceré pero que podrían
perfectamente, ser
el amor de mi vida
cuando al mío lo encontré en mi pueblo
(un pueblo de ná),
los amigos con que formaría
una pandilla genial de afinidades.
Pero eso nunca pasará por estadística,
así que al ir en metro me conformo
con asumir que en mi vagón van otros treinta y cinco
y recordar que todos ellos
se creen tan especiales como yo.

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29 de agosto de 2011
Gracias, Jesús Malia, por darme la palabra que faltaba.

miércoles, 27 de julio de 2011

Oda al frigorífico

Estoy superfeliz porque tengo un frigorífico,
como sólo se puede estar teniendo un frigorífico
de dos puertas espectacular.
Y me imagino
llenándolo con flores de tu huerta
convertidas ya en tomates y calabacines,
en berenjenas, peras y sandías,
llenándolo con flores
que ya son uvas que ya es vino
y me imagino
el banquete de amor que me prepararás
con semejante invento.
Y estoy superfeliz porque este frigorífico
es la prueba más grande
(y fíjate que es grande)
de que me amas, amor,
de un modo incombustible,
del modo comestible en que sólo tú me amas.

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22 de julio de 2011

sábado, 23 de julio de 2011

Planchar para no pensar

Me gustan las conversaciones cara a cara,
no me resigno a los chat
aunque a veces
yo también caigo en la trampa
de una conversación de dos horas que habría sido,
dónde va a parar,
mucho más agradable en el banco de una plaza.

Recuerdo un tiempo en que
para ver al chico que te gustaba
tenías que esperar a verlo pasar por tu ventana
camino del gimnasio.
Ahora
esperas verlo conectarse al facebook.
Dentro de poco
será imposible pasar un día solo.
Espero no comprarme nunca un aifon
¿te imaginas? tol día con el whatsApp
interrumpiendo pensamientos sin ningún interés
pero que al menos son tuyos,
pero que están ahí para algo,
para llenar tu vida de ti mismo,
eso de lo que todos huímos
                               con el facebook.

Yo también tengo mis técnicas:
planchar para no pensar,
planchar para no sentir.
Al menos no contamino
mi no sentir con ideas de otros,
con la excursión de fulana al Atacama,
con la pasión de mengana por la rumba.
Sed sinceros: no es lo mismo
que te lo cuente en persona marcándose unos pasos.
Como diría mi Sanz: es distinto.
Y a lo mejor me lo merezco.

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19 de julio de 2011